Se ha acusado a la cultura nipona de ser altamente machista, seguramente con razón si la comparamos con otros países occidentales, sin ánimo de ofender. Sin embargo, si vamos atrás en el tiempo, vemos que también había oportunidades para las mujeres de clase alta, a diferencia de la realidad occidental.

La participación de la mujer en la guerra siempre se ha movido entre la leyenda y la motivación individual en la desesperación, pero la historia tiene abundantes casos de ello; desde las valkirias a las amazonas, pasando por Juana de Arco, españolas como Agustina de Aragón y grupos combatientes, especialmente en la Unión Soviética.

Sorprende, sin embargo, que también existan en una sociedad tan poco igualitaria como la feudal japonesa. Estas dignas alternativas a los samurai varones -llamadas onna bugeisha- pertenecían a la clase social samurai y se iniciaron en las artes marciales en vistas a proteger su hogar y honor cuando sus maridos marchaban el frente.

Onna bugeisha significa "mujer guerrera", y se convirtieron en esforzadas combatientes, obligadas a compensar su menor fuerza física con otras capacidades. La mayoría cambiarían la katana por otras armas que les permitirían mantener las distancias: arcos o armas de asta, por ejemplo la yari o la naginata.

Su momento de gloria fue en los períodos Heian (794-1185 d.C.) y Kamakura (1185-1333 d.C.), decayendo en el periodo Edo en que las mujeres quedaron relegadas a las tareas domésticas. Aún así hay algunas que han conseguido perdurar en los tiempos y llegar a nuestros días, firmes testimonios de lo que pudo ser más corriente de lo que creemos.

La emperatriz Jingu

La más conocida fue la emperatriz Jingu (169-269 d.C.), que se hizo famosa por relevar al frente del ejército (y del gobierno) a su marido Chuai cuando éste falleció intentando conquistar Corea. Pero la historia de Jingu es dudosa y muchos expertos creen que tiene más de leyenda que de realidad, habiendo sido creada para explicar el interregno hasta que su hijo Ojin subió al trono.

Emperatriz Jingu

Tomoe Gozen

Tampoco se sabe si fue real Tomoe Gozen. Sus andanzas se inscriben en la guerra entre los clanes Genji (o Minamoto) y Heike (o Taira) retratada en un poema épico titulado Heike Monogatari escrito en el siglo XIII pero referente a hechos de la centuria anterior. En los versos se cuenta cómo esta dama, que destacaba como amazona pero también en el manejo del arco y la naginata, participó en la toma de Kioto. Su final, como su existencia misma, no está claro. Unas fuentes dicen que murió en la batalla de Awazu junto a su esposo Minamoto no Yoshinaka; otras, que él fue ejecutado al acusarle de traición un shogun y que ella no era su mujer sino una sirviente; otra versión habla de que se casaron después.

Tomoe Gozen

Hojo Masako

En esa misma guerra Genji luchó otra célebre onna bugeisha, llamada Hojo Masako, y ésta parece que sí existió seguro. Era hija, madre y esposa de shogun. A la muerte de su cónyuge decidió abandonar las armas y se hizo monja, pero luego dejó los hábitos y se lanzó a una vida guerrera, siendo conocida como la monja shogun; algo que no debía ser raro porque también se le atribuyó a Tomoe Gozen, en una de las múltiples versiones de su biografía. Tras una vida rocambolesca de conspiraciones y peleas, Hojo Masako falleció a los sesenta y nueve años.

Hojo Masako

Mochizuki Chiyome

Una variante de onna bugeisha es la que personalizó Mochizuki Chiyome en el siglo XVI: tras la muerte en combate de su esposo, el daimyo Takeda Shingen le encargó el reclutamiento y adiestramiento de una red femenina de agentes cuyos componentes recibían el nombre de kunoichi. Hacían de espías, llevaban mensajes secretos codificados, asesinaban a enemigos destacados... Su memoria se ha perpetuado, algo deformada, en varios videojuegos y animes.

Mochizuki Chiyome

Nakano Takeko

Por último, es obligatorio mencionar a Nakano Takeko porque su intensa biografía no se enmarca en tiempos medievales sino en pleno siglo XIX, entre 1847 y 1868. Dirigió un contingente de onna bugeishas llamado Joshitai en la batalla de Aizu, librada durante la Guerra Bolshin, contienda civil que enfrento al shogunato Tokugawa dominante con un grupo de clanes opositores que querían devolver el poder al emperador. Nakano fue herida de un disparo (un flechazo, en otra versión) tras cargar contra el enemigo, naginata en mano, al frente de sus compañeras; para evitar caer prisionera se hizo el seppuku (su más fiel ayudante la decapitó en plena batalla) y las demás la enterraron en el templo de Hokaiji, en Fukushima. En su memoria se celebra un festival cada año.

Nakano Takeko

Son una buena inspiración para los tiempos que corren...


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