Últimamente he tenido acceso al último informe del Foro Económico Mundial sobre el índice de disparidad entre los sexos por país. Vemos que Japón ocupa el puesto 111 de los 144 países presentes. Esto nos da pie a discutir sobre la situación de la mujer en el mercado laboral japonés.

Para los que estén interesados en el informe, se encuentra en su página web, con el ranking siguiendo enlaces en la misma página, en este enlace. Si en España, que tanto camino queda por recorrer, estamos en el puesto 29, imaginaos en el resto del mundo.

Con la Restauración Meiji la mujer consiguió la igualdad legal con el hombre y pleno acceso a la educación; sin embargo, no fue hasta la ocupación aliada tras las Segunda Guerra Mundial, que Japón se vio sometido a un gran número de cambios y reformas.

Especialmente se debe mencionar la nueva constitución y las leyes que la acompañaron, que buscaban asegurar la igualdad entre géneros y la lucha activa contra la discriminación. Por un momento parecía que la mujer japonesa podría conseguir la plena igualdad, pero como refleja en el informe, están todavía bastante lejos de la realidad.

Millones de mujeres altamente preparadas ven su potencial desperdiciado por la situación reinante en el mundo laboral japonés, a pesar de su nivel de estudios y de sus capacidades reales.

Cambios a partir de la Segunda Guerra Mundial

Uno de los cambios más importantes que vio Japón durante los años 40 y 50 del siglo XX, es la transición del modelo familiar hasta un modelo en que la mujer es el centro de la familia, siendo la autoridad absoluta en casa y responsable de las finanzas y de la educación de los hijos.

Los roles que surgieron en esta época siguen fuertemente arraigados en la sociedad japonesa: el centro de vida del hombre reside en su trabajo, mientras que el centro de la vida de la mujer era la casa y los hijos. Este patrón quedó grabado fuertemente en la mente colectiva de la sociedad japonesa y sigue estando hoy en día; solo hay que ver la mayoría de hombres dedicados en cuerpo y alma a su trabajo, con una implicación nula en la familia.

En algún punto del modelo social, ocurrieron cambios demográficos: una bajada de la natalidad, el alto coste de la vivienda y el pleno acceso de la mujer a la educación superior fueron los motivos que dispararon la participación femenina en el mercado laboral. Hubo un repunte significativo de las mujeres casadas con hijos mayores, que quisieron reincorporarse al mercado laboral, y se encontraron con trabajos precarios, de media jornada, con sueldos bajos y sin ningún tipo de posibilidad de promoción.

La empresa como familia

La organización social de los roles se vio especialmente reforzada por el concepto de la empresa como familia que surgió en la segunda mitad del siglo XX. Durante el periodo de la Segunda Guerra Mundial, Japón utilizó el concepto de familia tradicional para unir la sociedad y fomentar el patriotismo, convirtiendo el Estado en una gran familia. Después de la Segunda Guerra Mundial este tipo de estructura familiar se trasladó al mundo empresarial.

Las empresas aprovecharon este hecho para fomentar su implicación y mantuvieran su continuidad, de la misma forma que lo harían con sus familias. La empresa puso a disposición de sus trabajadores viviendas corporativas y escuelas exclusivas para sus hijos, obteniendo a cambio la dedicación exclusiva del empleado, con largas jornadas laborales y horas extra. Esto dejó a la mujer con la responsabilidad de quedarse en casa y cuidar de los hijos.

Familia japonesa

Este modelo de empresa no es diferente para una mujer que desee participar activamente; cualquier mujer que quiera una carrera profesional se encuentra con un rígido horario laboral que no se adapta a sus necesidades familiares, y desanima a casarse y tener hijos a aquellas que tengan ambiciones profesionales. Esto provoca un retraso en la edad en el que las mujeres tienen su primer hijo, y como consecuencia una caída de los índices de natalidad, un envejecimiento de la población y una clara falta de mano de obra.

Situación laboral actual

Si bien es cierto que la falta de flexibilidad es una de las ramas del problema, la mentalidad de la sociedad es la otra.

Sin ir mas lejos, la clase política es la primera que no hace nada para mejorar el problema, e incluso lo agrava: algún político ha definido las mujeres como "máquinas de hacer niños", culpándolas del bajo índice de natalidad por no cumplir con su "obligación de tener niños"; otros sugieren que la solución por la falta de guarderías pasa porque las mujeres "se queden en casa y cuiden de sus hijos".

Entre la población también hay términos peyorativos para referirse a mujeres trabajadoras:

  • Christmas cake: Mujeres de mas de 25 años sin perspectivas de matrimonio
  • Shokuba no hana: literalmente, flor de oficina
  • OL: acrónimo para office ladies, o señoras de oficina

Estos términos demuestran que Japón está todavía lejos de vencer la discriminación laboral por motivos de género, y la mentalidad de que la mujer es inferior al hombre en el ámbito laboral sigue fuertemente arraigada en la mente de toda la sociedad.

Esta mentalidad relega a mujeres altamente preparadas a sitios de poca responsabilidad o sin ninguna posibilidad de promoción. Muchas mujeres llegan a ver como un colega menos capacitado o preparado que ella recibe una promoción antes, cosa que desemboca en el desánimo; acaban dejando el trabajo y dedicándose a su familia en exclusiva. El 63% de las mujeres afirma dejar el trabajo en cuanto tienen hijos por insatisfacción laboral; el 49% lo hace al sentirse obstaculizada y ver que no tiene opciones de crecimiento profesional.

El informe detalla un punto sorprendente: Japón no dispone de una legislación específica que prohíba la discriminación de género. La ley existente desde 1985 se presentó como una serie de "recomendaciones". Otro punto sorprendente es que existen dos vías de acceso al mundo laboral japonés: el camino sogoshoku para aquellos que quieran una carrera profesional y optar a promociones, y el camino ippanshoku para aquellos que quieran trabajar hasta casarse (tradicionalmente mujeres); lo más sorprendente es que las mujeres no son las que escogen el camino, sino que la empresa escoge por ellas, animándolas a seguir el "curso normal".

Y por si fuera poco... acoso

Otro problema grave para la inclusión de la mujer en el mercado laboral es el trato que recibe por parte de sus compañeros y superiores. Una encuesta del gobierno realizada en 2016 a más de 9600 mujeres trabajadoras de entre 25 y 44 años concluyó que casi un tercio de las mujeres japoneses trabajadoras habían sido acosadas sexualmente en su lugar de trabajo.

Acoso laboral

Añadimos a eso que la mitad confesó haber sido víctima de comentarios sobre su apariencia, edad o físico por parte de sus colegas masculinos o de sus jefes, y un 37% indicaba que ha tenido que aguantar auténticos interrogatorios sobre si vida personal y privada. Un 40% confesaba haber sido víctima de tocamientos inapropiados, a un 28% les habían pedido salir de forma persistente y tener citas; y un 17% comentaba que las habían presionado para tener relaciones sexuales.

Otro punto hablando del acoso es cómo encaja a empresa y sus trabajadores un posible embarazo. Una encuesta de 2015 indica que 1 de cada 5 mujeres había sufrido algún tipo de acoso en su lugar de trabajo al quedarse embarazada. Se trata de una encuesta anónima por internet a mujeres de entre 20 y 49 años de edad que se habían quedado embarazadas mientras trabajaban.

De esas 1000 mujeres, un 21% respondió que había recibido un trato desfavorable, un 10% había sufrido acoso verbal y un 8% comentó que fueron despedidas o no les renovaron los contratos. Un 43,7% comentó que trabajaba unas 8 horas al día, y un 16,6% afirmó trabajar más de 9 horas al día; tan solo el 4% ajustó su jornada laboral según las necesidades de su estado.

En general, un 74% de las mujeres embarazadas comentaron que su lugar de trabajo les ofreció algún tipo de compensación durante el embarazo, como permitirles ir al hospital durante las horas de trabajo, reducir el número de horas extra o no realizar trabajos de carácter físico, pero un 19% no recibieron ningún tipo de trato especial.

La encuesta también muestra que el 61% de las mujeres encuestadas dejaron sus trabajos al saber que estaban embarazadas, de las cuales un 55% afirmaron haber dejado el trabajo de manera voluntaria para poder dedicarse plenamente a cuidar de la casa y de su recién nacido.


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