Si no has visto la película Mi vecino Totoro (Tonari no Totoro), ya estás tardando. Es la mítica película del estudio Ghibli que lo salvó de la quiebra, dirigida por Hayao Miyazaki en 1988. Es una película dirigida a un público infantil, pero sin embargo oculta un significado mas siniestro.

Tras el éxito económico que supuso su coprotagonista se convirtió rápidamente en una de las figuras mas emblemáticas del estudio. El personaje Totoro se acabó convirtiendo en el logotipo del estudio, y aparece al principio de cada película que ha hecho el estudio desde entonces.

Las aventuras de las hermanas Satsuki y Mei empiezan tras el traslado al campo de su padre cuando conocen a los Totoros, que son espíritus benévolos del bosque. Sin duda, una película para todos los públicos, con un final feliz. Sin embargo pesa una terrible leyenda urbana sobre el final y el significado real de la película, que os hará replantearos muchas cosas la siguiente que la volváis a ver, si es que lo hacéis....

Mi vecino Totoro

AVISO: A partir de aquí hay muchos spoilers. Si no la has visto y pretendes hacerlo, detente aquí.

Según dicha leyenda urbana, las dos hermanas están muertas para el final de la película. La hermana pequeña Mei, que se perdió al tratar de llevar la mazorca de maíz a su madre, muere ahogada en el río. Satsuki, al saber que su hermana está muerta se dirige al bosque a buscar a Totoro, para pedirle que la lleve con ella, al reino de los muertos.

Según esta versión, Totoro es algo más que un espíritu benévolo del bosque, que planta semillas, hace crecer los árboles y se deja ver con niños inocentes y puros de corazón; se trata en realidad de un shinigami, un dios de la muerte que se aparece a las personas que están a punto de morir. El nekobasu sería su transporte al otro mundo. Cuando Satsuki entra en el bosque, se supone que ya está muerta y va a encontrarse con el shinigami, para que la lleve junto a su hermana.

Shinigami Totoro

Al final de la película, la madre de las niñas afirma que le ha parecido haber visto por un momento a Mei y a Satsuki en la rama de un árbol, riéndose. Esto se debe a que ella también está a punto de morir, debido a su enfermedad terminal, y por lo tanto puede ver por un instante a sus hijas, también muertas. El nekobasu les ha permitido acercarse al hospital para despedirse de sus padres por última vez.

Son varias las evidencias que soportan esta teoría:

A partir de cierto punto de la película, las niñas no proyectan sombras. Algunos dicen que son simplemente difíciles de ver.

En dos escenas de la película aparecen las estatuas de los O-Jizou, que son las deidades protectorias de los niños que han muerto prematuramente. Algunos indican que la intención de Miyazaki es la contraria; pretende tranquilizar al espectador y darle a entender que las niñas estan bien y no los va a ocurrir nada malo.

Otro punto a favor de la teoría se encuentra en la conversación final de los padres, en los que se da a entender el carácter terminal de la enfermedad de la madre.

(Japonés) Haha: gomen nasai... tada no kaze na no ni byooin ga denpoo uttari shita kara...
(Japonés) Haha: anokotachi kitto shinpai shiteru wa ne... kawaisoo na koto shichatta...
(Japonés) Chichi: iya, wakareba anshin suru sa

La traducción aproximada sería:

(Español) Madre: Lo siento... parece que te mandaron un telegrama por un simple catarro...
Madre: Las niñas se estarán preocupando... Pobrecillas...
Padre: No pasa nada, si lo supieran se preocuparían de verdad.

Hay otros que traducen ligeramente distinto; lo que supuestamente dice es "cuando lo sepan (que solo tienes un catarro), se tranquilizarán. Parece que traducir el verbo anshin suru de "tranquilizarse" a "preocuparse" por error, confundiéndolo con el verbo shinpai suru.

Se compara el argumento de la película con otra leyenda urbana, supuestamente sucedida el 1 de mayo de 1963, en una región de la prefectura de Saitama (curiosamente muy cerca de donde ocurre la película); el fallecimiento de una niña pequeña que, tras perderse en el bosque, afirmó en estado de shock haber visto el "espíritu de un gato gigante". La película está ambientada en los años 50; igual es solo para maquillar un poco los hechos.

Muchos desmontan la teoría del Totoro-shinigami con la breve secuencia que puede verse antes de empezar los créditos finales, en la que aparecen Mei y Satsuki despidiéndose del nekobasu y reencontrándose con Kanta y la abuela quien abraza efusivamente a Mei mientras Kanta habla con Satsuki. En el resto de los créditos se ve a las dos niñas vivitas y coleando, jugando con sus amigos y haciendo vida normal con sus padres. Se da a entender que no van a volver a ver a los Totoros jamás.

Personalmente dudo bastante de que Hayao Miyazaki tuviera esta doble intención en una película tan marcadamente infantil. Sin embargo, voy a sentir leves escalofríos durante los últimos 20 minutos de la película cuando la vuelva a ver...


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