En 2014 más de 25.000 personas se suicidaron en Japón. Un promedio de 70 al día. Entre 50 y 100 lo hicieron en el bosque Aokigahara, en la base noroccidental del Monte Fuji. Repleto de cavernas rocosas y heladas, y con una vida salvaje casi inexistente, es excepcionalmente silencioso.

Este emblemático bosque está situado en la provincia de Yamanashi, a unos 100 kilómetros al oeste de Tokio. Junto con el puente Golden Gate en San Francisco, es uno de los sitios en donde mas personas se quitan la vida.

La posición del gobierno ante el problema es clara y se puede leer en una de las entrada en el bosque, junto con un número de teléfono de ayuda:

Pensemos una vez más en la vida que te fue dada, tus padres, tus hermanos y hermanas, y los niños. No sufras solo, antes, contacta a alguien

Cartel Aokigahara

También existen redes de comunicación y propaganda entre los habitantes locales para que observen de manera voluntaria a los visitantes y den aviso sobre cualquier comportamiento extraño.

La influencia de la literatura

Hay muchas ideas relativas a la posible inspiración de este lugar como punto de suicidio. Hay quien dice que vienen inspirados en el cuento Kuroi Jukai (El mar de árboles) de Seicho Matsumoto, publicado en 1960. Este cuento acaba con la pareja de enamorados quitándose allí la vida.

Otros creen que el bosque se usa para este fin desde la práctica del ubasute en el siglo XIX, en la que la gente de edad avanzada era abandonada en los bosques para morir, práctica frecuente en épocas de sequía y hambruna.

Incluso el libro de Tsurumi Wataru "El manual completo del suicidio", publicado en 1993, se refiere a Aokigahara como un lugar perfecto para morir y destaca el ahorcamiento como una obra de arte. La publicación vendió millones de copias pero fue vetado recientemente en el país.

Restos humanos Aokigahara

Causas del suicido

Japón ocupa el tercer lugar de suicidios del mundo, después de Corea del Sur y Hungría, de acuerdo a cifras de la Organización Mundial de la Salud. Se trata de una tasa muy alta comparada a la de otros países ricos.

El psicólogo de la Universidad Temple de Tokio afirma que la principal causa de la depresión y el suicidio es el aislamiento.

En Japón es cada vez más común leer historias sobre personas mayores que mueren solas en sus apartamentos. Están descuidadas, porque los hijos ya no cuidan a sus padres como en otras épocas.

De hecho, el suicidio no se ve mal en la cultura japonesa; desde las prácticas samurai del sepukku o harakiri, pasando por los jóvenes pilotos kamikaze en la Segunda Guerra Mundial, la historia está llena de casos honorables de suicidio.

Japón no tiene mucha tradición de cristianismo, por lo que el acto no se ve como un pecado; de hecho, muchos lo ven como una forma de asumir responsabilidades. La tradición budista asegura que, aunque se quiten la vida, van a renacer en una nueva vida en donde van a tener la oportunidad de mejorar.

Los jóvenes que tienen el perfil para acabar con sus vidas suelen hacerlo tras perder la esperanza y no ser capaces de pedir ayuda. Se trata de una sociedad muy exigente, y muchos temen "no dar la talla". Sumemos a eso la cultura de "no quejarse" y la de "no molestar a los demás con sus problemas".

Tras la aparición de cada vez más empleos con contrato de corto plazo, o directamente en la franja de la precariedad laboral, muchos se lo acaban planteando. Aquellos que no son capaces de encontrar un empleo estable, o que habiéndolo hecho, no son capaces de aguantar la presión a la que sus jefes los someten, suelen plantearse este destino en algún momento.

Y mientras tanto, en el bosque Aokigahara la cifra de cuerpos encontrados cada año se mantiene estable.


Comments

comments powered by Disqus