El día 6 y 9 de agosto va a hacer 71 años que se presenciaron las mas grandes barbaridades de la Segunda Guerra Mundial. La aviación norteamericana, haciendo cumplir el ultimátum dado al pueblo japonés, soltó dos bombas atómicas sobre las ciudades de Hiroshima y Nagasaki, causando graves daños colaterales.

El 6 de agosto de 1945, se lanzó la bomba atómica Little Boy sobre la ciudad de Hiroshima. Para ello se utilizó un avión bombardero B-29, conocido como el Enola Gay, que lanzó la bomba a las 08:15. Tras una explosión de 274 metros de diámetro, quedaron destruidos el 69% de los edificios en 1,6 kilómetros de radio, matando el 30% de la población inmediatamente; muchos mas fallecieron por los efectos de la exposición, tal como avanzaba el tiempo.

La ciudad de Nagasaki sufrió la misma suerte el día 9 de agosto; hacia las 11:01 de la mañana, el B-29 Bockstar liberó la bomba Fat Man sobre la ciudad. La explosión se produjo en el valle Urakami y la mayoría de la ciudad quedó protegida por las colinas cercanas. Dicha ciudad era menos moderna, y las casas estaban construidas con madera; a pesar de eso, solamente el 40% de las estructuras fueron destruidas. Se estima que murieron entre 40.000 y 75.000 personas.

En el contexto histórico del que hablamos, se cometieron muchas atrocidades, y no vamos a entrar a valorar a ninguno de los dos bandos; lo importante es que este evento puso fin al sinsentido que la guerra representaba, acabando con la rendición de Japón, y la consiguiente ocupación americana.

A los cinéfilos les recomiendo ver la película Kuroi Ame, que es un relato bastante veraz de las secuelas tras los bombardeos.

Sadako Sasaki y las mil grullas de origami

Sadako Sasaki era una niña de 2 años que vivía en la ciudad de Hiroshima cuando cayó la bomba atómica. Con 12 años fue diagnosticada de leucemia, como consecuencia de la irradiación que le produjo la bomba. Cuando estaba en el hospital, su amiga Chizucho le explicó la historia de las 1.000 grullas de papel. La idea es que si doblas 1.000 grulla de papel, los dioses te conceden un deseo.

Su deseo no fue otro que curarse de la enfermedad, así que se puso a doblar 1.000 grullas de origami, aunque falleció mucho antes de poderlas acabar todas. Murió en octubre de 1955, y solo había conseguido doblar 644 grullas de papel. Sus amigos decidieron continuar con la tarea, de forma simbólica; completaron las 1.000 grullas, con la esperanza de que se evitaran futuras guerras y se consiguiera la paz mundial.

Años mas tarde del deceso de Sadako, lo niños de la ciudad de Hiroshima dedicaron una estatua de ella con una grulla en su mano, que se encuentra en el Parque de la Paz en la misma ciudad, colindante a la zona cero de la explosión. En la cercanía de la estatua hay urnas de cristal rellenas de grullas de papel, siendo estas renovadas por otras grullas, que son llevadas por otros niños en las excursiones escolares a la ciudad.

Parque de la Paz Hiroshima

Recordemos esas atrocidades para que no se nos ocurra nunca repetirlas.


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