Karoshi es una palabra japonesa que significa "muerte por exceso de trabajo". Describe un fenómeno social en el ambiente laboral, que consiste en un aumento de la mortalidad por derrames cerebrales y ataques cardíacos, derivados del exceso de horas de trabajo. Fue reconocido en 1987 por el Ministerio de Sanidad.

Esta palabra solo existe en japonés, pero por desgracia, está siendo exportada a países vecinos, como por ejemplo Corea del Sur, donde lo llaman gwarosa. Con el ritmo de vida occidental y los abusos provocados por la crisis, me parece que no va a tardar en llegar hasta nuestras tierras...

Tras la Segunda Guerra Mundial, Japón se recuperó rápidamente y se convirtió en la segunda economía del mundo, todo ello en menos de 3 décadas. Una de las razones principales fue el tremendo esfuerzo que hicieron los japoneses, trabajando al máximo para salir de la pobreza. Para conseguirlo llegaban a hacer un montón de horas; a finales de los años 60, eran normales las jornadas laborales de 12 horas o más.

El resultado no se hizo esperar: en 1969 se dio el primer caso de karoshi. Un trabajador de menos de 30 años murió de repente a causa de un infarto cerebral, tras más de 40 días seguidos trabajando sin apenas descansar.

En los años 80 el problema, lejos de disminuir, se acentuó. Ejecutivos trabajando bajo mucho estrés empezaron a morir de forma brusca e imprevista en sus puestos de trabajo. Actualmente se estima que unas 10.000 personas mueren al año por karoshi en Japón, y todo esto sabiendo que la mayoría de casos se callan por vergüenza, o las empresas los ocultan para evitar responsabilidades.

De hecho, según la Organización Internacional del Trabajo, un 20% de los japoneses siguen dedicando más de 12 horas diarias a su trabajo, sin dedicar tiempo apenas a su vida personal y familiar. Como resultado, algunas empresas han comenzado a limitar o prohibir las horas extras, ofreciendo alternativas para la conciliación personal y laboral.

La cruda realidad es que de poco sirven, ya que la mayoría no sigue estas alternativas, ni los consejos. Son gente que padece de total adicción al trabajo, llegando a la imposibilidad de desconectar del mismo en días libres, a la culpabilidad cuando no se acude a trabajar en vacaciones, y llegando también a experimentar problemas varios: para dormir, dolores de estómago, dolores de cabeza... Añadamos a esto el hecho de que sigue estando mal visto salir del trabajo antes que los demás.

Otro dato, según una encuesta del ministerio de trabajo: el 66% de los buchos (jefes de departamento) creen que podrían morir en cualquier momento por exceso de trabajo. ¡Y siguen tan tranquilos!

Y como decían las leyes de Newton, cada acción tiene su reacción. Recientemente ha aparecido la figura del freeter; jóvenes que se niegan a entrar en este círculo vicioso de trabajo, y que viven encadenando trabajos temporales y a media jornada.

No es difícil encontrar más casos buscando por internet:

La señora Yoshida, murió con 22 años después de trabajar durante 34 horas consecutivas como enfermera en un hospital.

El señor Miyazaki, murió después de trabajar durante 4320 horas durante su último año de vida.

El señor Yagi, trabajaba 70 horas a la semana y gastaba tres horas y media cada día en el tren para ir y volver del trabajo, murió a los 43 años. En su diario personal escribió: "al menos los esclavos tenían tiempo para comer con sus familias".

Hay que decir que muchos de los casos no son fatales; son mas frecuentes los casos que acaban en estrés o en enfermedades mentales. El caso más mediático que se pudo ver en los periódicos recientemente fue durante la retirada del primer ministro Shinzo Abe, que dejó su puesto para ser hospitalizado para su tratamiento inmediatamente después...


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